Art in the Times of Covid

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 photo credit Monty Waldin 

After being quarantined for too long now I have begun to think that perhaps we the wine trade sometimes speak too much to our own selves in a kind of vinous echo chamber. I suppose it is natural to want to gather the herd back together like in healthier times. But I think wine is bigger than that. I do not mean bigger in a ‘comercial’ way. I am not suggesting “we could sell more” if we could just open up the audience, but rather I speak of artistry. Art is the elevating of peoples lives. And wine is art. And I do not speak of just the artisanal bits. 

The arts embody values and necessities that we are lacking in the world today. Lacking in part because of Covid and in part because populist politics have cast a dark shadow on the world in which we live– that affects all of us even if we are a hemisphere away.  As artists: musicians, painters, writers, cinematographers, and yes winemakers are called upon to “minister substance to the world” as Wynton Marsalis once said. To help the people get through the times.

And as we work on the farm and in the cellar we make hundreds of decisions. Today as we make these decisions there is a force pulling us to make them for practical / commercial reasons — because the buyer thinks that his customers would like a wine “like that successful one over there” or “like the neighbours make”  or perhaps the most dangerous: “like the way it is supposed be made”.

I disagree with this force’s pulling. In these times on the farm and in the cellar, I think integrity is more vital than ever, even if the need for success to win out over failure is arguably also more acute. I say integrity, like sustainability, is not a luxury that we should aim to afford when times are good, but rather I think we must hold firm– especially in  stranger times. Artists have always had to fight for an audience for without one they starve.

Lately, I have taken to listening to a lot of music. I like to listen to Jazz: Art Peppar, Wynton Marsalis… Music, like wine, matters in these times. It gives me comfort to think jazz is inherently American and in these dark times for the US it is good to remember some of the great that they have created. Jazz is soulful — like good wine.  The concerned and the soulful—are always at battle with the callous and the crass. Winemakers as artists are a part of a battle against the global decline into popular mediocrity. How to do this work without snobbery, without smugness, and without falling into simply preaching to the converted? How to do it without selling out– nor selling the wine-drinker short?

I do not pretend to have the answer, but I have seen it done and I do know that when one manages to do it, one goes from being an isolated, underestimated, peasant farmer doing things back-wards to being tangible proof of the inevitable transcendence of culture and artistry.

In these times, more so than ever, we must stay the course and do the work that will help get the people through.

djmk

español:Después de estar en cuarentena durante tiempo me doy cuenta de que a veces hablo demasiado hacia la misma industria. Quizás porque anhelo reunir la manada como en tiempos más saludables. Creo que el vino es más grande que eso. No estoy sugiriendo que “podríamos vender más” si abriéramos la conversa a más público, sino hablo de el arte: la elevación de la vida de las personas. El vino es arte después de todo. Y no me refiero sólo a lo art-esanal.

Las artes encarnan valores y necesidades que faltan en nuestro mundo de hoy. Falta en parte por Covid y falta porque la política populista ha arrojado una sombra oscura sobre el mundo en el que vivimos que nos afecta a todos, incluso si estamos a un hemisferio de distancia. Como artistas, los músicos, pintores, escritores, cineografos y sí, los enólogos están llamados a “dar sustento al mundo”, como dijo una vez Wynton Marsalis el trompetista extraordinario, para ayudar a la gente a superar estos tiempos.

Mientras continuamos trabajando hacer vino, cultivando para producir se hace cientos si no miles de decisiones para hacer un vino. Y siempre hay una fuerza que empuja a que estas decisiones se tomen por razones comerciales, porque el comprador piensa que a sus clientes les gustaría un vino “como ese otro vino exitoso” o “como hacen los vecinos” o quizás el más peligroso: “como nosotros siempre hemos hecho ”.

En estos tiempos en la bodega, creo que la integridad es más urgente que nunca, pero también lo es la necesidad de que el éxito venza al fracaso. Yo digo que la integridad, como la sostentabilidad, no debería ser un lujo que alcancemos en los buenos tiempos. Debemos adaptarnos a los tiempos especialmente a los tiempos extraños. Los artistas siempre han tenido que luchar por un publico– sin público se mueren de hambre.

En estos tiempos, yo he aprovechado de escuchar mucha música en estos días. Estoy escuchando Jazz: Art Peppar, Wynton Marsalis. . . La música, como el vino, importa en estos tiempos. Me reconforta pensar que el jazz es inherentemente estadounidense y en estos tiempos oscuros para Estados Unidos es bueno recordar algo de lo Great que los gringos son capaces. El jazz es conmovedor, como el buen vino. Lo preocupado y lo conmovedor siempre están en batalla con lo insensible y lo grosero. Los enólogos como artistas son parte de la batalla contra el declive global hacia la mediocridad y el consumismo popular. Entonces: ¿cómo hacemos este trabajo sin esnobismo, sin presunción, y sin caer en predicar a sólo los ya convertidos? ¿Cómo lo hacemos sin comprometernos, y sin comprometer el alma del vino?

No pretendo tener la respuesta, pero sí sé que cuando lo alcanzamos, se pasa de ser un agricultor aislado, subestimado, campesino que hace las cosas al revés, a ser una prueba tangible de la inevitable trascendencia de la cultura y el arte.

En estos tiempos, más que nunca, debemos seguir y hacer el trabajo para ayudar a la gente a superar estos tiempos.

 

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